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Justo
antes de Euro Mayday (1ero de mayo 2004 en Barcelona y
Milán) activistas de los grupos Indymedia de toda España
se reunieron en Barcelona, invitados por el Museo de
Arte Contemporáneo (MACBA). Venían de Andalucía,
Galicia, Madrid, del país Vasco y de las islas Canarias.
Estos aprovecharon la oportunidad de participar en la
manifestación del Mayday contra la precarización del
empleo y de la vida, pero también de debatir
intensamente sus prácticas de media-activismo de los días
anteriores al 1ero de mayo: preguntas sobre la (no)institucionalización
y sobre la extensión y los límites de la libertad de
expresión. Las estrategias de información, entre la
guerrilla de comunicación y la contra-información
estuvieron en el centro de la discusión. El intenso
debate que trazaba las líneas del activismo pos-68,
animado por Franco Berardi Bifo (Radio Alice, Bolonia
1976/77), Carlos Ameller (Vídeo-Nou, Barcelona
1977-1983) y DDee Halleck (Paper Tiger TV, Estados
Unidos, dedsde 1981) y que giraba también en torno a
una discusión con Naomi Klein y Avi Lewis sobre su
nueva película "La Toma", fue interrumpido
por la oposición crítica de un activista de Indymedia.
Con mucha cortesía pero de manera firme, éste indicó
que el MACBA como organizador del congreso del día
anterior a las manifestaciones del Mayday contra la
precarización impuesta desde el exterior es uno de los
actores en el juego del capitalismo cognitivo y de sus
tendencias a la precarización en relación a lo cual,
con toda certeza, las instituciones del campo artístico
no cumplen un papel inocente. Esta crítica del papel
ambivalente de las instituciones artísticas fue
discutida durante los días siguientes que culminaron
con una manifestación y un ataque con graffitis contra
la fundación Tapiès (una de las fundaciones de arte
contemporáneo más importantes en Barcelona) en el
marco de la manifestación del Mayday.
Siguiendo
un modelo de Foucault actualmente muy a la moda en el
campo artístico, la evolución actual de la sociedad
puede ser explicitada con el concepto de "gobernamentalidad"[1]:
la supresión de las formas de intervención del Estado
providencia se acompaña por una restructuración de las
técnicas de gobierno, que quita a los aparatos e instancias
estatales la capacidad de dirección atribuyéndosela
a la población, a individuos "responsables",
"circunspectos" y "racionales".
Esta evolución atañe sobre todo el auto-gobierno, el
auto-orden y las auto-tecnologías de los individuos,
pero va más allá: en la disolusión del Estado garante
de bienestar se dibuja un nuevo dominio de gestión de
micro-sectores, una zona intermediaria entre el gobierno
por el estado y por el (auto)gobierno y el auto-control
deliberado de los individuos: organismos aparentemente
autónomos, ONGs que, usando calificativos como "sociedad
civil" y "distantes del Estado" son llamadas
e interpeladas como exteriores al Estado, pero que,
al mismo tiempo, funcionan como aparatos del Estado
externalizados. Muchas instituciones artísticas forman
también parte de esta categoría.
En
la escena gubernamental es teóricamente imposible y
estratégicamente poco prometedor construir una oposición
dicotómica entre movimiento e institución, ya que tanto
los individuos que muestran resistencia como las instituciones
progresistas y las ONGs de la sociedad civil intervienen
en el mismo nivel gubernamental. En una reflexión sobre
la relación entre las prácticas artísticas políticas
y las instituciones artítiscas progresistas, no puede
tratarse entonces ni de la negación abstracta de las
instituciones existentes y de las instituciones y micro-instituciones
incipientes, ni de una aclamación de las redes libres
"anti-institucionales" o de colectivos artísticos
autónomos como elementos exteriores a la institución[2].
Contra
una visión que atribuye por momentos este tipo de propaganda
de libertad tan ingenua a autores posestructuralistas
como Gilles Deleuze y Félix Guattari y los denuncia
como viejos hippies anárquicos, se puede con un poco
de buena voluntad, leer en los trabajos de Deleuze y
Guattari la muestra clara de que los polos de movimiento
y de organización/institución están relacionados: en
"Mille Plateaux" Deleuze y Guattari no deliran
solamente sobre la corrientes híbridas de la desterritorialización
–como se pretende afirmar muy a menudo al respecto-,
también describen una correlación constante entre una
desterritorialización y una reterritorialización. Esta
correlación se relaciona menos con un "territorio"
geográfico, y más específicamente con la relación entre
movimiento político e institución, entre poder constituyente
y constituido, entre institución en el sentido verbal
del término (como acción de instituir) e institucionalización.
Guattari
problematiza la cuestión de la organización e institucionalización
en el año 1969 de la manera siguiente: "el problema
de la organización revolucionaria es de hecho el establecimiento
de una máquina institucional que se caracteriza por
una axiomática específica y una práctica específica,
es decir, la garantía que no se confine en las diferentes
estructuras sociales y sobre todo en la del Estado[3].
Para el campo artístico esto significaría reflexionar
sobre el peligro del confinamiento y del establecimiento
de la institución artística como un aparato del Estado
y tomar en cuenta la función cooptativa de las instituciones,
sin condenar por tanto a éstas últimas de antemano.
En este contexto, una institución "progresista"
sería entonces una institución que –contrariamente a
la cualidad estática inicialmente concedida al término
de institución– pone en marcha una práctica móvil de
la organización.
La
problemática del concepto de gobernabilidad en este
contexto reside sobre todo en una aparente totalidad
ineludible, que no parece ofrecer salida otra que en
el retiro derrotado y en el éxodo individual "a
la Bartleby"[4]
como únicas formas de acción. Para Foucault, sin embargo,
la conexión indisoluble entre las técnicas de poder
y las técnicas aplicadas a uno mismo comporta justamente
una oportunidad: en los cursos que dio en Berkeley en
en año 1983. Esta alternativa es estudiada en el marco
de una genealogía de la actitud crítica en la filosofía
antigua: parrhesia,
que significa
en griego la actividad de un ser humano (del parrhesiastes),
"de decirlo todo", o sea, de hablar libremente
sobre la verdad sin juegos retóricos y sin ambigüedades
y sobre todo cuando es arriesgado. El parrhesiastes
dice la verdad, no solamente porque poseyéndola[5]
la revela en una cierta situación, sino más bien porque
toma un riesgo. El índice más preciso de la verdad de
la parrhesia consiste
en "el hecho de que el orador dice algo peligroso
–algo diferente de lo que cree la mayoría"[6].
Según la interpretación de Foucault, sin embargo, no
se trata nunca de develar un secreto que deba ser arrancado
de lo más profundo del alma. La verdad consiste aquí
menos en la oposición a la mentira o a lo "falso"
que a la actividad de decir la verdad: "…la función
de la parrhesia no es la de demostrarle al otro la verdad sino de cumplir
una crítica,
de crítica al interlocutor o al propio orador."[7]
Foucault describe la práctica de la parrhesia
a través de numerosos ejemplos tomados de la literatura
antigua griega como el paso de una técnica política
hacia una técnica personal. La forma más anciana de
la parrhesia corresponde
a la práctica de decir públicamente la-verdad como un
derecho institucional. El tema abordado por los parrhesiastes
es diferente según la forma de Estado. Puede ser
la asamblea en la ágora democrática o el tirano en la
corte monárquica. La Parrhesia se entiende en todos los casos como una expresión que viene
de abajo y se orienta hacia arriba, sea ésta la crítica
filosófica del tirano o la del ciudadano sobre la mayoría
de la asamblea: "la parrhesia
es una forma de crítica, […] siempre en una situación
en la que el orador ocupa una posición subordinada a
la del interlocutor"[8].
Es en la distancia manifiesta que existe entre el que
toma el riesgo de decir todo y el soberano criticado
que es atacado por esta verdad que reside la potencialidad
específica de la parrhesia.
Por su crítica, el parrhesiastes
se pone en situaciones expuestas en las que es amenazado
con la sanción de ser excluido. El ejemplo más conocido
que Foucault analiza con gran detalle[9],
reside en la figura de Diógenes, que desde la precariedad
del barril donde se encuentra, ordena a Alejandro de
no obstruirle la luz. La descripción de esta situación
con Dio Crisóstomo es seguida por un largo diálogo parrhesiástico
en el que Diógenes traza los límites del tratado parrhesiástico
entre soberano y filósofo y trata continuamente de rechazar
estos límites con un juego de provocación y de retiro.
Como el ciudadano que expresa la opinión de la minoría
en la estrcutura democrática del ágora, el filósofo
cínico practica también un forma de parrhesia
contra el monarca en público.
Con
el transcurso del tiempo, se opera un cambio en el juego
de la verdad "que fue constituida, en la concepción
griega clásica de la parrhesia, por del hecho de que alguien era lo suficientemente valiente
como para decir a
los otros la verdad.[…] hay un cambio de esta
forma de juego parrhesiástico
hacia otro juego de la verdad que consiste esta vez
en ser lo suficientemente valiente como para desvelar
la verdad sobre
sí mismo"[10] Este proceso que
va desde la crítica pública hacia la (auto-)crítica
evoluciona en paralelo con la pérdida de importancia
de la esfera pública democrática del ágora. Al mismo
tiempo, la parrhesia
aparece cada vez más relacionada con la educación
y con la formación. Uno de los ejemplos de Foucault
sobre este tema es el diálogo de Platón "Los Cobardes"
en que la cuestión de encontrar el mejor maestro para
los hijos de los interlocutores constituye un punto
de partida y de interés. La respuesta a la pregunta
es naturalmente la de Sócrates como mejor maestro. Lo
que interesa aquí es más bien la evolución de la argumentación.
Sócrates asume la función del parrhesiastes
no en el sentido de la práctica de la contra-palabra
arriesgada políticamente hablando, sino por el hecho
de que lleva a su público a decir la verdad sobre sí
mismo y a un autocuestionamiento que se interroga sobre
la relación entre sus afirmaciones (logos)
y su modo de vida (bios).
Esta técnica no sirve, sin embargo, cómo confesión
autobiográfica ni como examen de consciencia sino que
pretende establecer un lazo entre el discurso racional
y el estilo de vida de las personas interrogadas o de
las personas que se autocuestionan.
De
manera análoga a la transición de la parrhesia
política hacia la parrhesia
personal, la función del parrhesiastes
experimenta un cambio similar. De acuerdo con la primera
significación, una condición presupuesta consiste en
el hecho de que el parrhesiastes
es la persona subordinada que dice "todo"
a su superior. En el segundo caso, es sólo aparente
que "el que dice la verdad" es la única autoridad,
el que lleva el otro a criticarse a sí mismo y a modificar
su práctica. La parrhesia
se opera más bien según esta segunda significación en
la transición de una posición a la otra y en el intercambio
entre ambas. Aquí la parrhesia no es una característica,/competencia/estrategia de una
sola persona sino que una cadena de posiciones en el
marco de una relación entre la crítica del parrhesistes
y de la autocrítica que él engendra. En "Los Cobardes" Foucault ve "un movimiento visible a través
de todo este diálogo, desde la figura parrhesiastica
de Sócrates hasta el problema sobre el cuido de sí mismo."[11]
Contra toda interpretación individualista, sobre todo
de los textos tardíos de Foucault, la parrhesia
aparece aquí no como competencia de un sujeto, sino
como movimiento entre la posición que cuestiona la correlación
entre logos y
bios y la
posición que, frente a este cuestionanmiento, práctica
la autocrítica.[12]
Se
trata para mí aquí de establecer un lazo entre las dos
nociones de parrhesia descritas por Foucault como evolución genealógica, y de
comprender la contra-palabra arriesgada en su relación
con la auto-revelación[13].
La crítica y sobre todo la crítica institucional aún
no se han agotado hoy como forma de denuncia de abuso
ni como formas más o menos radicales de autocuestionamiento.
En relación con el campo artístico, esto significa que
ni las estrategias ofensivas de la crítica institucional
de los años setenta, ni el arte como un servicio para
las instituciones de los años noventa prometen ser alternativas
válidaspara la gobernabilidad actual. Sobre todo porque,
en el marco de estas estrategias, la cooptación de contenidos
políticos por parte de instituciones (supuestamente)
progresistas no ha sido impedida.
Se
necesita la parrhesia
como doble estrategia: como ensayo para implicarse
y comprometerse en un proceso de contra-palabra arriesgada
y como cuestionamiento de sí mismo. Podemos así recordar
la situación mencionada al principio: el activista de
Indymedia en el MACBA que he deescrito, asume exactamente
el papel del parrhesiastes
en ambos sentidos: en el sentido general, la tradición
de parrhesia política
de Indymedia (también en el congreso en el MACBA y en
las acciones en conjunto con el Euro Mayday del día
siguiente) implica contrastar las contra-informaciones
con la produción de la verdad molar de los monopolios
mediáticos. Además, sin embargo, el activista también
asume el papel de parrhesiastes
en el sentido personal: lo hace de manera que el
MACBA verifique la concordancia entre logos
y bios, entre el programa y la realidad institucional. La parrhesia
política como contra-palabra no es realizada en el espacio
libre del ágora, sino más bien en el seno de un público
específico que no permanece limitado a la estructura
interna de la institución artística. La parrhesia
personal, el movimiento del parrhesiastes,
que cuestiona la concordancia entre logos
y bios de
la institución y de los actores dentro de la institución,
y que gracias a este planteamiento hace avanzar el autocuestionameinto
de la propia institución y evoluciona como práctica
de autocrítica abierta y colectiva de la institución.
En la relación entre activistas e instituciones se dibuja
aquí un juego productivo que no se limita ni a una cooptación
de lo político por parte de la institución, ni a una
simple distribución de recursos de la institución artística
progresista hacia las acciones políticas. La relación
entre la crítica de la sociedad y la crítica institucional
es al mismo tiempo una relación entre la parrhesia
política y personal. Es sólo a través del lazo de
dos técnicas de la parrhesia
que puede impedirse una instrumentalización unilateral,
que la máquina institucional puede ser preservada del
aislamiento de sí-misma y que el flujo entre movimiento
e institución puede seguir su curso.
Texto
traducido por Francisco Padilla
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